Al iniciar el debate sobre la comunicación de y en Europa la primera pregunta que cabría plantearse es la más sencilla: ¿nos creemos Europa? Más allá de una mera y simple respuesta afirmativa, sería necesario profundizar en el sentido de esa creencia: ¿consideramos a Europa como patria o como un mero accidente geográfico-administrativo?
Del desarrollo interior de nuestras respuestas dependerá en gran parte la calidad del mensaje a transmitir. Por supuesto, se puede argumentar de manera impecable para vender con gran éxito un crecepelo, un ungüento o el jarabe curalotodo a los que no creemos en tales sustancias milagrosas. Pero, comunicar, transmitir un sentimiento solo puede surgir del corazón, y derivadamente del convencimiento de que ése es nuestro mundo, nuestra familia, nuestro ámbito natural de crecimiento y desarrollo, y el territorio que albergará nuestras cenizas cuando haya transcurrido nuestro tiempo.
Entiendo por lo tanto que el principal defecto que aprecio generalmente en la comunicación sobre Europa es la ostensible carencia del sentimiento de pertenencia a una patria llamada así, Europa. La principal diferencia entre hablar de una patria, chica o grande, y un ente abstracto, es evidente: de la primera se habla con indisimulado cariño, se reconocen los defectos, aunque siempre minimizados ante las grandezas reales, posibles o incluso imaginadas. Al ente abstracto en cambio no se le pasa ni una; es más, hay una mayor proclividad a magnificar los defectos, dar por supuestas las virtudes y relativizar las ventajas.
Por obvias razones históricas, los ciudadanos europeos no han sido educados en el amor a la patria Europa. Más aún, si en estos tiempos sería harto difícil encontrar patriotas “dispuestos a verter hasta la última gota de sangre”, como rezaba la fórmula en las juras de bandera de todos los ejércitos del mundo, mucho menos se hallarían individuos dispuestos a honrar semejante juramento por un ente llamado Europa.


Que España malvive en una gravísima encrucijada es una evidencia. Que Europa hace lo propio, también. Sin embargo, la encrucijada europea es menos citada. Y ello es que el doble camino emprendido cuando cayó la URSS está llevando a Europa a un callejón sin salida. Incapaz de crear un núcleo federal en el centro, Europa decidió abrirse al Este. E igualmente incapaz de tener estrategia propia, hubo de padecer que EEUU le aplicase la doctrina imperial de Mackinder, según la cual el que Alemania (léase Europa) y Rusia se lleven bien es nefasto para los intereses angloamericanos.
The whole story of the federation in Europe is kind of puzzling. Many people believe their countries would disappear if we go this way. I remember having read that no less than in Houllebecq, of all writers. But it is not true. Would the Germans stop having their Oktoberfest or speaking their fifty something dialects if, say, their professional soldiers were under European command? It seems as if anything happening inside a nation state is ethnic and common but that is not true. States do contain a lot of ethnic values, but not all of them are national. Try to order a Bordeaux wine in Burgundy or a paella in the Basque country- if you survive let me know. Sometimes to be ethnic and non-national is even compulsory inside a nation state. You can´t sell French or Italian wine. It has to be Sancerre or Chianti or bear the name of any other region; no politics involved. There is nothing more contrary to the European values than ethnic nationalism. And yet, no need to have ethnic spaces as enemies of the European Union- we already have the states.
Hace 120 años, el 15 de febrero de 1898, el acorazado de segunda clase de la flota de Estados Unidos Maine sufrió una explosión mientras se encontraba en el puerto de La Habana, capital de la entonces española isla caribeña de Cuba. Este incidente fue el objeto del empeoramiento de las relaciones entre EEUU y España, que ya eran tensas desde los tiempos de John Quincy Adams, quien fuera el 6º presidente, de 1825 a 1829, y que propuso la compra de la Isla a la Corona española. La muerte de 260 marinos norteamericanos en lo que posteriormente se demostró haber sido un accidente debido a una explosión interna del buque fue utilizado por el magnate de la prensa sensacionalista, William Randolph Hearst, para avivar la confrontación entre ambos países y alentar el inicio de la guerra hispano-norteamericana.
Con el fin de comunicar mejor Europa creo que es necesario abrir un debate profundo y para ello nada mejor introducir al menos 30 preguntas en 12 bloques:
La idea de una política eficaz de información y comunicación es algo que ha preocupado a los responsables comunitarios desde el comienzo del proceso de construcción europea, ya desde la creación de la CECA en el no tan lejano 1951. Y ello, siempre con el muy loable y necesario propósito de acercar a los ciudadanos a las instituciones europeas (y viceversa) y de hacerlos partícipes y protagonistas de esa marcha laboriosa y problemática hacia una mayor integración, que estaba en el pensamiento de los padres fundadores de lo que hoy es la Unión Europea.
Cómo hacer más y mejor periodismo europeo, es lo que nos convoca al seminario. En ese sentido, se trata de introducir más Europa en nuestro periodismo, sea por incluir y vincular mas la agenda comunitaria a nuestra cotidianidad informativa o, al revés, por buscar el ángulo europeo, la reflexión comparativa o continental de los asuntos nacionales y locales. Un enfoque algo distinto de la fórmula propuesta: "la manera más eficaz de comunicar Europa", se nos dice.
Tras años de presión, sobre todo por parte de la sociedad civil, y en especial de los sindicatos y asociaciones de periodistas, la Comisión Europea ha publicado una propuesta de directiva para proteger a los denunciantes o alertadores de asuntos de corrupción.