El programa EUROPA EN LA ESCUELA, una idea de EuropaEnSuma que promovemos conjuntamente con JEF y el Movimiento Europeo, alcanza ya su quinta edición. Miles de alumnos de cuarta de ESO y 1º de Bachiller de toda España participan en estas jornadas donde explicamos la idea de Europa, debatimos asuntos de actualidad que conciernen a los jóvenes y recogemos sus propuestas, críticas o sugerencias sobre el funcionamiento de la Unión.
Y son muchas las tarjetas que hemos podido recoger con sus comentarios. Una excelente muestra para analizar las preocupaciones de nuestros escolares y atisbar hasta qué punto ha calado el europeísmo en sus conciencias.
Una nueva narrativa europea para una ciudadanía comprometida
Europa, en este momento, debe tener mucho más cuerpo que alma, mucha más materia que espíritu, muchos más proyectos y realidades que ideas inspiradoras.
En un primer momento la narrativa europea giraba en torno al poder de atracción de palabras como paz y progreso; no en vano arrancaba de la nefasta experiencia de las dos guerras mundiales vividas casi exclusivamente en nuestro territorio. Tuvo después un nuevo impulso con la caída del Muro de Berlín, la desaparición de los bloques, el proceso hacia la Unión Política que abre Maastrich y la unificación alemana. Sin duda un excelente soporte para apalancar el trampolín hacia el futuro con palabras igualmente atractivas y propicias para relanzar proyectos como amistad, solidaridad, cooperación. Pero a estas alturas, para las nuevas generaciones europeas, esto es historia y difícilmente se pueden identificar con esta narrativa.
Y llegó 2008 y el estallido de la burbuja, la crisis económica y financiera y, con ella, cifras de parados nunca vistas, aumento de la desigualdad y depauperación creciente de amplias capas de la población. La fe ilimitada en la capacidad de autorregulación de los mercados o la especulación como moneda de uso, chocó bruscamente con la realidad. Y también esos valores, querámoslo o no, formaban parte del tejido de la narrativa europea. Difícil escenario para atraer otra vez a los jóvenes, difícil escenario para crear, para inventar, para motivar. Y sin embargo es más necesario que nunca.
Juan Cuesta. Presidente de Europa en sumaArticulos
Puede que la Unión Europea sea hoy el sujeto político más odiado por los nacionalistas y los más furibundos partidarios y radicales adversarios de la globalización real.
Es lógico.
Por un lado, la Unión es la primerademocraciasupranacional conocida en la historia y tanto su creación como su evolución a lo largo de seis décadas han estado en todo momento inspiradas por las ideas más alejadas imaginables del nacionalismo.
Un nacionalismo, no lo olvidemos, que fue la ideología dominante que, encubriendo profundos intereses económicos, provocó el estallido de los dos grandes conflictos que devastaronEuropaen el Siglo XX: la primera y la segunda guerras mundiales.
De hecho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los padres fundadores del proceso de construcción europea suscribirían letra a letra la frase que el ultimísimo presidente FrançoisMiterrandpronunció ante el hemiciclo del Parlamento Europeo en 1995 -en una de esas ocasiones en las que uno puede decir aquello de “yo estuve allí”-: “El nacionalismo es la guerra”.
Pero no solo porque elnacionalismoprovocara esas hecatombes y los terribles crímenes contra la Humanidad que tuvieron lugar en ese período -empezando por el Holocausto- apostaron los padres fundadores por iniciar la aventura de la construcción europea.
Carlos Carnero.Director gerente de la Fundación AlternativasArticulos
Los responsables del Área de Información Internacional de importantes cadenas de radio y televisión de España confirman asistencia a la jornada de debate EUROPA ES EL MENSAJE organizada por Europa en suma en la sede de las instituciones europeas en Madrid para el 18 de mayo. Álvaro Goicoechea (TVE), Rafa Panadero (SER) y Ángel Gonzalo (ONDA CERO) aportarán su experiencia a la hora de proponer a los editores de los informativos de sus cadenas los temas europeos. Experiencia y resultados, si es que los hay. ¿Tienen sensibilidad los editores hacia los temas europeos o siempre hay alguna noticia nacional más importante?
Los medios de comunicación son pieza clave para la articulación de una comunidad de ciudadanos. De ahí la anomalía que supone la orfandad mediática de la UE, resultado de la inexistencia de medios informativos que merezcan llamarse europeos, es decir, que tengan presencia relevante en todo el ámbito geográfico, político, social y económico integrado por los países miembros. Es paradójico, aunque tal vez no, que los más próximos al cumplimiento de las condiciones sine qua non de europeidad —entre las cuales figura la observancia de una cierta neutralidad multidireccional— sean algunos medios informativos norteamericanos. Ese fue el caso del Internacional Herald Tribune, ahora transmutado en The New York Times, o el de la cadena televisiva CNN.
Entre los medios radicados en nuestro continente se pudo pensar que el Financial Times o la BBC desempeñarían también ese papel, pero llegado el momento han acabado enseñando su bandera británica y en cuanto al proyecto de Euronews digamos que es la demostración del abandono de los afanes por impulsar una constelación mediática que fuera capaz de escrutar con toda exigencia a la UE y de emplazarla desde una perspectiva comunitaria sin adherencias nacionales desnaturalizadoras.
Complejidad de un espacio plurilingüístico
El puzle lingüístico de la UE añade dificultades de circulación para los medios que pretendieran expandirse y ser accesibles en igualdad de condiciones en todo el entorno europeo. Unas dificultades atemperadas por el fenómeno espontáneo de la adopción del inglés como lengua vehicular. Podría pensarse que el Brexit, la retirada del Reino Unido que se está negociando en Bruselas, pudiera dejar a ese idioma sin asidero institucional para continuar siendo lengua oficial, habida cuenta de que ya no lo sería de ninguno de los restantes países miembros del Club. Pero, por el contrario, esa condición de idioma exento sin país valedor podría potenciar su funcionalidad como recurso instrumental, porque su uso en absoluto representaría concesión o ventaja para cualquiera de los usuarios, al haber dejado de ser idioma propio de ninguno de ellos.
Miguel Ángel Aguilar. Secretario General de la Asociación de Periodistas EuropeosArticulos
Los servicios públicos multimedia no pueden reemplazar a las redes sociales, pero deben ser una alternativa democrática, como sustentadores de un espacio digital común, un ciberespacio común, que reconstruya la esfera pública fragmentada.
Las plataformas sociales se han convertido en un nexo básico de nuestra sociabilidad y el canal por el que, de modo creciente, el público llega a las informaciones periodísticas, sobre todo en el caso de los jóvenes.
Esta fue mi reacción, borrar mi cuenta de Facebook, como han hecho miles de personas (#deletefacebook) en protesta por el escándalo de Cambridge Analytica: los datos de 50 millones de perfiles en manos de una compañía de estrategia electoral, decisiva para la victoria de Trump (y parece que también para el Brexit). Finalmente, no lo he hecho. Dedico muy poco tiempo a Facebook, pero tengo algunos contactos que perdería si saliera de la plataforma.
Dicho en téminos no personales: las plataformas tecnológicas se han convertido en un elemento esencial de sociabilidad, crean las distintas burbujas comunicativas de las que dependemos para nuestras relaciones sociales y profesionales… y de las que recibimos una parte esencial de la información que construye nuestra percepción de la realidad. Y todo ello gobernado por unos algoritmos, diseñados para promover el máximo beneficio para estas empresas tecnológicas. Podemos desconectarnos, pero corremos el riesgo de quedar al margen del pálpito de nuestra sociedad (mejor sería decir, de nuestras diversas comunidades).