Los mapas políticos en Europa están rotos por el ascenso de los populismos de derechas y de otras pequeñas formaciones.
Se acabó aquella vieja estabilidad burguesa que reconstruyó la Europa de postguerra, la alternancia en el poder del centro derecha, democracia cristiana, y socialdemocracia, centro izquierda.
En Alemania, las elecciones generales del año pasado dejaron un complejo un mosaico de siete partidos, en donde había dos grandes y liberales o verdes que actuaban como bisagras.
Ahora, de las elecciones del pasado domingo en el Estado federado de Baviera, salen cinco formaciones. Los dos grandes, CSU, democracia cristiana bávara, que gobernó con mayoría absoluta durante décadas, y el SPD, la socialdemocracia, han perdido en conjunto nada menos que el 23% de los votos.
A la CSU se le han ido los votos, casi en partes iguales, hacia la ultraderecha nacionalista y xenófoba de Alternativa para Alemania y hacia la izquierda ecologista, los Verdes.




Jair Bolsonaro ha reunido tras de si a 18 millones de brasileños y se ha quedado a cuatro puntos de la mayoría absoluta para ganar la presidencia en la primera vuelta. Su triunfo en la segunda es casi seguro, pues, como apunta un analista brasileño que acabo de escuchar en RNE, ha logrado unir el voto antisistema con el voto anti PT.
No es un mal lema para estas elecciones. Es claro y conciso, y así lo planteó al inicio de su exposición el ex presidente del Parlamento Europeo, Enrique Barón, el pasado 31 de agosto en el Palacio de la Magdalena de Santander. Fue en la clausura del denso e interesante curso organizado por el Movimiento Europeo (M.E.), bajo el título de "2019 brexit y elecciones europeas. Una agenda crucial para el impulso de la UE", dirigido por el profesor Francisco Aldecoa Luzarraga, nuevo Presidente del Consejo Federal Español del M.E.
Aquel verano de hace 50 años, yo era un adolescente que vivía en un apartado lugar de Extremadura (España). No había prácticamente nada de turismo por aquellos lugares. Todo era muy primitivo. La dictadura de Franco seguía en pie como si la guerra civil acabara de terminar.
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