Comunicado del CFEME
El Movimiento Europeo de España expresa su gran satisfacción y alegría por la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la Unión Europea, precisamente en el año en que estamos conmemorando el sesenta aniversario de los Tratados de Roma.
El proyecto de integración europea ha sido desde su origen mismo un proyecto de paz, basado en los valores de la libertad, la dignidad humana, la solidaridad y la democracia. La trayectoria de la Unión Europea, fiel a esos principios, ha contribuido decisivamente al período más prolongado de paz, prosperidad y libertad en el continente. Fortalecer a la Unión Europea es la mejor manera de defender esos valores, sobre los que debe descansar nuestro futuro común y que debemos transmitir a las jóvenes generaciones.
Desde nuestra integración en la Unión Europea hace más de treinta años, la sociedad española ha respaldado muy mayoritariamente el proyecto europeo. Este Premio debe servir para reforzar esta actitud, que ha de seguir siendo uno de los consensos básicos de nuestra convivencia.


Declaración conjunta de Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo, Jean Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, y Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo
Un gigante en lo físico y en lo político. Temblaba la tarima de sala donde entraba, con sus 1,93 de estatura y sus 150 kilos de peso, que recuperaba en unas semanas, tras la cura de adelgazamiento de verano en Austria.
Europa, a pesar de gastar 200.000 millones de euros en seguridad cada año, está viviendo los mayores riesgos y amenazas desde la II Guerra Mundial. El terrorismo islamista, la inmigración masiva de refugiados o el Brexit han dibujado un panorama calificado por los expertos de convulso. Pero que no cunda el pánico: tenemos que convivir con el caos. Así se puso de manifiesto en el XXIX Seminario Internacional de Seguridad y Defensa, que organiza en Toledo la Asociación de Periodistas Europeos (APE).
En la catedral Catania se celebra una boda y un coche de alta gama aparcado en una esquina así lo atestigua. A menos de un kilómetro de allí, en el puerto de la ciudad siciliana desembarcan 503 inmigrantes envueltos en una manta de plástico de color naranja. Falta uno que falleció la noche anterior a bordo del buque Siem Pilot que gestiona la Agencia Europea de Fronteras (Frontex). Tenía 16 años y una grave enfermedad. “Soy padre y ver esto es muy duro”, relata con la voz entrecortada el fornido comandante de la misión policial, Jorgen Berg.
Una jornada de ‘catfishing’. Eso decía el papel presentado al alcalde -de un lugar del que no quiero acordarme- para que lo avalara y apoyara. Una fiesta de pesca del barbo, eso solicitaban. El regidor miró a los solicitantes, miembros de una asociación local de pescadores surgidos de un mundo campesino de una pequeña localidad de Extremadura (España), y les pidió que pusieran la cosa en castellano. No hubo manera.
Muchas películas alemanas tienen títulos hermosos, descriptivos: Las amargas lágrimas de Petra von Kant, La repentina riqueza de los pobres de Kombach, El honor perdido de Katharina Blum, por no recordar el teatro de Brecht y su Resistible ascensión de Arturo Ui.