Publicado originalmente en Periodismo Global, la otra mirada.
Comunicación de crisis: del relato a los hechos hay mucho trecho
Nunca como en una crisis de estas dimensiones es tan imprescindible que las autoridades e instituciones comuniquen de forma directa, veraz, transparente, eficazmente. De ello depende en gran medida la respuesta responsable de la población.
En España, como en casi todas partes, esta comunicación de crisis se ha movido en dos planos, el de la información y el relato.
Primero una reflexión sobre liderazgo y relato. Perdón por esta larga introducción didáctica, que creo imprescindible.
Tradicionalmente, el líder político marcaba unos objetivos y bien por convencimiento, bien por la fuerza y el terror acomodaba toda la acción de la comunidad a esos objetivos.
En democracias, ya en la clásica Grecia, como en las muy imperfectas europeas del siglo XIX, el elemento esencial para forjar el consenso era el discurso, especialmente el oral. Hitos históricos son, entre otros muchos, el discurso fúnebre de Pericles, el discurso de Lincoln en Gettysburg, o el de “sangre sudor y lágrimas” de Churchill. Estos líderes, discutidos y discutibles, unieron a sus pueblos para superar momentos de grave adversidad y sus discursos, piezas oratorias magníficas, son hoy todavía referentes morales y políticos.


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Vuelvo sobre la relación entre el coronavirus y la globalización, después de una primera aproximación, el 28 de febrero,
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, ha utilizado toda clase de ocasiones y pretextos para lograr que Hungría se tragara –píldora a píldora- su autoritarismo. Al menos, desde hace una década.
Primero fue la sugerencia y luego la orden: lavarse las manos y distanciarse. En esas dos acciones aparentemente sencillas quedó retratado el mundo actual, en el que millones de personas carecen de agua para lo primero y no tienen espacio para lo segundo. Después se nos conminó a encerrarnos, algo que tampoco todos pueden hacer. El Covid-19 (coronavirus) pone en evidencia la profunda desigualdad que existe en la sociedad global y dentro de los Estados.
En los medios españoles y europeos se está transmitiendo otra epidemia, además de la mortífera del coronavirus: la de confundir el Consejo Europeo con Europa o con la Unión Europea. Esta segunda epidemia no es mortífera, pero por ello no deja de ser muy nociva. Por ello decimos que es un sinécdoque, ya que se designa a un todo, la Unión Europea, por una de sus partes, el Consejo Europeo. De esta manera al errar el diagnóstico también va a llevar consigo que se equivoque la solución.
Este tiempo suspendido del confinamiento se hace cada vez más espeso. El silencio de las calles se rompe cada poco por las sirenas de las ambulancias que se dirigen a uno de los grandes hospitales madrileños. El virus nos cerca y nos toca: el dolor por amigos o seres queridos afectados por el virus o por sus consecuencias económicas; muertes que crecen exponencialmente; desconcierto; vulnerables dejados a su suerte: solidaridad… y división.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que Europa se ha convertido en el epicentro de la pandemia del coronavirus. Posiblemente, de momento sea una exageración, pero expresa la percepción mundial sobre Europa. Es interesante que se vea Europa como una unidad. Las decisiones que se están tomando en el seno de la Unión Europea son generalmente convergentes (no así en el Reino Unido, que prácticamente han adoptado la decisión contraria de proteger la economía en vez de la salud), las toman los Estados miembros y no la Unión Europea. Esto se debe a que las competencias en sanidad y otras relacionadas con el virus son exclusivas de los Estados miembros. Sin embargo, frente a un problema como el del virus que no conoce fronteras y que afecta a toda la Unión Europea, hará falta que para parar esta epidemia las decisiones se tomen en común y a la vez.