LAS MEDIDAS APROBADAS HASTA AHORA POR LA UNIÓN EUROPEA SE ELEVAN A 540.000 MILLONES DE EUROS
Pese a las críticas a contrario, nunca las instituciones de la UE habían sido tan rápidas en reaccionar como en su respuesta frente a la pandemia. La crisis iniciada en 2008 partió de las hipotecas-basura en EEUU y se propagó como un virus que se instaló en Europa. EEUU salió de la crisis con medidas enérgicas de inversión, pero la UE se equivocó con sus políticas de austeridad, hasta el punto de que en 2019 sólo crecía al 1% y España al 2,3%.
Si algo está claro es que no saldremos de ésta sin la intervención de la UE, sin su aportación para la salida de una de las crisis más severas y complejas en la Historia de la Humanidad. Una crisis sin precedentes, de origen sanitario, pero que está provocando un colapso de la economía mundial, la paralización de la producción, de la oferta y de la demanda, en una fase en que los precios de las materias primas -incluido el petróleo, con precios negativos- se han hundido. Con una caída del PIB que durará unos dos años al menos, más del 3% en la economía-mundo y un 6% en las economías principales salvo China, donde el PIB bajará, pero no será negativo. Y con un descenso de entre el 7 y el 8% en la UE. Con una crisis financiera y una purga en los mercados de acciones y bonos que en dos semanas ha superado la que duró varios años a partir de 1929.


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Stefan Löfven ha resistido todas las presiones. El socialdemócrata primer ministro sueco no ha cedido a los llamamientos de la oposición ni a los consejos de un nutrido grupo de científicos. Su inalterable línea política se ha mantenido incólume a lo largo de todo el tiempo que llevamos de pandemia, a pesar de las advertencias de quienes le mostraban otra praxis para combatirla.
El Pacto que liderará la transición ecológica en Europa tiene la oportunidad de incorporar las lecciones aprendidas de la pandemia del coronavirus, así como plantear respuestas estratégicas que contribuyan al cambio de modelo político, económico y social que hoy más que nunca necesitamos.
La peste negra socavó los cimientos socioeconómicos del mundo medieval, cuestionó las autoridades, favoreció los movimientos de introspección religiosa, pero también una ola de gozo y excesos. Posiblemente fue uno de los vectores que condujeron al Renacimiento.
¿Qué quedará cuando salgamos de casa o del hospital, cuando lo peor de la pandemia pase?. Proliferan los comentarios rápidos del todo o nada cambiará tras las secuelas individuales y colectivas de tan repentina y dramática experiencia en tan corto plazo. Un despertar de pesadilla del “delirio de omnipotencia“, lo califica el Papa Francisco. Pero escasean tanto las certezas que, tras sortear la enfermedad o el duelo, la mayor angustia es la incertidumbre total sobre la vida tal como lo hemos conocido hasta ahora: desde el trabajo hasta las relaciones sociales, nacionales o internacionales.
Tras semanas de desorden global, tres noticias parecen hoy arrojar cierta luz: el alto al fuego solicitado por el Secretario de ONU ante la plaga se concreta en Yemen; Europa parece desatascar una respuesta común a la pandemia; y los productores de petróleo ponen fin a la guerra de precios – con acuerdo de reducir un 23% la oferta- desencadenada cuando trascendía el devastador virus económico, lo que terminó de enloquecer a las bolsas.
Durante los primeros días del mes de abril, los representantes de las diez secciones nacionales más representativas del Movimiento Europeo Internacional (Alemania, Austria, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos y Polonia), hemos elaborado una Declaración conjunta que lleva el título de este artículo. En la Declaración expresamos la misma percepción creada como consecuencia de los efectos de la crisis de la covid-19 para Europa, así como el diagnóstico compartido ante la situación, y hacemos algunas propuestas sobre la búsqueda de soluciones comunes. Sobre todo, el deseo de “ir más allá de esta crisis y emerger más fuertes y más sabios”.