Publicado originalmente en esglobal.org
Washington quiere retomar el control de una región que se la ha ido de las manos en los últimos 20 años. La presente crisis y peligrosa escalada militar es producto de la complejidad de fracturas que tiene Oriente Medio y la creciente imposibilidad de Estados Unidos de manejarlas. El asesinato del comandante militar Qasem Soleimani es parte de la compleja relación que mantienen Irán y EE UU desde hace siete décadas. El resultado será una inestabilidad aún más peligrosa.


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El martes 10 de diciembre, la Unión Europea procederá –de acuerdo con los mecanismos previstos en el artículo 7 del Tratado de la UE- a una nueva revisión del estado de las libertades en Hungría. Recordemos que hace poco más de un año, el Parlamento Europeo valoró negativamente la situación en aquel estado miembro donde –desde hace años- se constatan quiebras del Estado de derecho por parte del gobierno húngaro.
La Unión Europea, sin exagerar, es el último reducto de los valores democráticos surgidos de la Revolución Francesa, y perfeccionados a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Libertad, igualdad y solidaridad han sido los tres pilares en los que se ha asentado el Estado de derecho, y el más formidable avance en la prosperidad conjunta de un continente en el que la paz no era sino pequeños paréntesis entre continuas confrontaciones bélicas.
El auge espectacular de Vox en las elecciones de ayer en España requiere análisis profundo. Pueden aventurarse algunos factores que parecen obvios, como la polarización de la campaña en torno a Cataluña y en menor medida la exhumación de Franco, la falta de respuesta a Abascal en el debate de los líderes y el hundimiento de Ciudadanos. Mi hipótesis es que, además, ha sido decisiva su presencia institucional en los medios.
Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, un hecho que supuso el principio del fin de los regímenes socialistas- comunistas del Centro y Este de Europa, e, incluso, del patrón del sistema, la Unión Soviética, Bratislava, la capital de Eslovaquia, no es la cercana Viena; Budapest, la capital de Hungría, no es la capital austríaca. Praga no es Munich y Chequia no es Baviera. La antigua RDA no es la RFA. Me refiero a los niveles de renta o al estado de la opinión pública.
Para mí, por una cuestión de diferencia horaria, el muro de Berlín cayó el día 10 y no el 9 de noviembre de 1989. Pude verlo aquel día en un televisor de imágenes inestables, como si fueran sólo fotografías imaginadas o inventadas. Un sueño inesperado. Y como europeo así lo sentí allí, en Firozpur (o Ferozpur), una ciudad situada en el Punjab indio. Me quedé tieso ante el televisor. “¿Vas a cenar? ¿Eso que miras es tan importante?”, me preguntaron mis anfitriones indios al ver que estaba hipnotizado ante la pantalla.
Ah, el paso del tiempo! Tres de Octubre, día de la Unificación alemana. Estaba uno allí, tal día como hoy de 1990 detrás de la puerta de Brandenburgo, junto al Reichstag, transmitiendo el acto lleno de esperanza con la señora R.M.M, hoy directora generala de la cosa.