No se trata de bellas palabras que iluminen discursos y convenciones, palabras que a fuer de repetirlas se conviertan en un mantra adormecedor; se trata de inspirar políticas concretas comprometidas, solidarias y armónicas con esos valores que entre todos estamos impulsando y que el sentido común dice que son esos y no otros los que nos llevarán por un camino cuando menos transitable.
1. PREGUNTAS Y REFLEXIONES SOBRE LA UE Y SU POLÍTICA DE COMUNICACIÓN
¿Por qué no llegamos a los ciudadanos?
1.1. Factores inherentes al propio proceso de construcción europea
1.1.1. La comunicación es muy importante, pero sola no arregla nada: no endereza políticas no gana voluntades si hemos cometidos errores o tomado caminos equivocados. Los problemas de comunicación, derivados de políticas alejadas de las preocupaciones sociales y el hecho de que muchos ciudadanos sientan que cada vez ceden más poder a unas instituciones en las que no se ven representados, están lanzando el populismo y el rescate de los discursos nacionalistas. Parece haber desaparecido un euroescepticismo sano y crítico, y crecen exponencialmente las ideas frontalmente antieuropeístas.
1.1.2. Tenemos a una Unión Europea donde está ocurriendo una tormenta perfecta, al verse azotada por una multicrisis, (institucional, económica y política) y en un impasse institucional que la mantiene en estado vegetativo: viva, pero sin síntomas de mejoría.
Portavoces comunitarios, periodistas, editores y sociedad civil buscan en Madrid la mejor manera de comunicar Europa
A veces oímos quejarse a algún responsable político comunitario de que no llegan a los ciudadanos, que falla la comunicación. Los periodistas se preguntan si hacen una buena cobertura informativa de los temas europeos y una adecuada pedagogía europeísta. Y los ciudadanos aseguran no entender cómo y por qué se toman algunas decisiones en la UE. Esa es la razón por la que la asociación EuropaEnSuma, con el apoyo de la Comisión Europea, Parlamento y la Secretaría de Estado de Asuntos Europeos ha reunido a portavoces de las más importantes instituciones comunitarias, jefes de Internacional de los grandes medios españoles, editores de programas e informativos de radio y televisión, y representantes de las asociaciones europeístas para reflexionar en común y elaborar sugerencias y propuestas.
Ni por imagen ni por contenidos es fácil de vender. Hablamos mucho de la UE pero no suele ser para dar buenas noticias. Y la UE no es fotogénica.. Sin embargo tiene el valor de que allí se toman muchas decisiones que nos afectan y eso es lo que deberíamos transmitir al ciudadano. Pero con la tendencia a la banalización de los contenidos, cuesta más.
Periodistas con complejos. A la hora de vender Europa los periodistas tenemos prejuicios, la ciudadanía piensa que la UE es algo muy complicado y los periodistas tenemos complejos.
Deberíamos dejar de ver los asuntos europeos como temas del área del Internacional porque pueden ser de Economía, de Tribunales, de Sociedad, de Cultura...
Es difícil hacer entender a la gente que no está puesta en estos temas quién es quién, qué hace y la importancia de lo que hace, tanto a editores como al público.
Otro problema es la ausencia de portavoces que dominen el español. Si la televisión necesita imagen, la radio necesita sonidos.
Sería interesante que la UE ayudara a formar a los periodistas no solo llevándolos a visitar el Parlamento Europeo sino también con cursos aquí.
Los periodistas deberíamos aprovechar los huecos que quedan en los momentos en que baja el flujo informativo de Nacional (fines de semana, por ejemplo) para hacer algo de explicación de la UE.
Los periodistas no debemos esperar nada de las instituciones salvo transparencia: que den toda la información que deben dar. La fuente que te da algo siempre quiere algo a cambio, venderte una postura, y el periodista debe mantener su autonomía.
No se observa relación entre el grado de competencia de la UE en un tema y la cobertura sobre el mismo. Hay una brecha entre los temas que promueve la UE y los que cubren los medios españoles.
Hace falta que la información se cuente, no desde el ángulo nacional, sino con visión europea, no a través del relato de los intereses internos de los Estados o los gobiernos individuales, sino dirigida a todos, al conjunto de los ciudadanos europeos.
Que las televisiones y radios públicas tengan mayor intercambio, espacios conjuntos si quiera experimentales, o compartan un hueco común en sus webs.
¿Cuál es la noticia? Una pregunta recurrente tras escuchar la información comunitaria o escuchar a un comisario
Es inconcebible que en una hora de telediario no quepa más información europea.
Pobreza de imagen. La imagen que muestran las noticias en televisión, cuando hablan de la actualidad de la Unión Europea, suele mostrar a un periodista hablando a cámara con más o menos convicción sobre cosas complejas y potencialmente ininteligibles, o a un grupito de ministros saludándose, bromeando y sonriéndose unos a otros.
El puzle lingüístico de la UE añade dificultades de circulación para los medios que pretendieran expandirse y ser accesibles en igualdad de condiciones en todo el entorno europeo.
Al observar la orfandad mediática de la Unión Europea se advierte tanto el desacoplamiento que supone como las consecuencias que desencadena.
Especialización y sensibilidad. Los periodistas que hacen información europea, no sólo deben estar bien formados, sino que sería aconsejable que tuvieran una sensibilidad, otra mirada hacia las políticas europeas, salvaguardando, por supuesto, su derecho a la investigación y la crítica de las malas prácticas.
La dificultad de modificar la agenda de los medios. El difícil diálogo entre corresponsales y editores
Atención a las tertulias: frivolidad, falta de preparación y de sensibilidad europea.
Problemas de las fuentes: dependen demasiado de las oficiales, sobre todo nacionales.
La cantidad de información no atribuida (“fuentes comunitarias”, etc.) es muy grande. Eso puede favorecer filtraciones, globos sonda…
La comunicación es muy importante, pero sola no arregla nada: no endereza políticas no gana voluntades si hemos cometidos errores o tomado caminos equivocados.
Los problemas de comunicación, derivados de políticas alejadas de las preocupaciones sociales y el hecho de que muchos ciudadanos sientan que cada vez ceden más poder a unas instituciones en las que no se ven representados, están lanzando el populismo y el rescate de los discursos nacionalistas. Parece haber desaparecido un euroescepticismo sano y crítico, y crecen exponencialmente las ideas frontalmente antieuropeístas.
¿Y si el relato no conquista a los europeos porque las políticas europeas no atienden a sus necesidades y preocupaciones? La Europa social no deja de ser una admonición retórica.
Tenemos a una Unión Europea donde está ocurriendo una tormenta perfecta, al verse azotada por una multicrisis, (institucional, económica y política) y en un impasse institucional que la mantiene en estado vegetativo: viva, pero sin síntomas de mejoría.
En términos de comunicación, la Unión Europea parte con gran desventaja con respecto a cualquier Estado-Nación ya que es cuestionada tanto por audiencias de terceros países ajenos a la Unión, como por las propias audiencias de los estados que la conforman.
Dificultad del empeño. Por un lado conseguir ser un actor visible, creíble y fiable dentro de los Estados Miembros, poniendo en valor las políticas comunitarias que desarrolla y que, con sus aciertos y sus errores, traen prosperidad al conjunto de los ciudadanos, y por otro, reafirmándose como un actor imprescindible para la gobernanza internacional.
El proceso de producción política está lejos de ser transparente y participativo; la toma de decisiones, compleja. El problema es que los ciudadanos no ven claramente cuál es la función de los parlamentarios que eligen. Es hora de adentrarse en una reforma institucional de calado que politice verdaderamente las instituciones y rompa ese mensaje de consenso en un proyecto que se ha comunicado durante años y que ya no funciona.
¿Falta un demos europeo? Una verdadera opinión pública europea no se producirá sino en torno a decisiones tomadas directamente por la ciudadanía sobre grandes proyectos europeos.
¿Cómo conseguir sentido de pertenencia? Por obvias razones históricas, los ciudadanos europeos no han sido educados en el amor a la patria Europa. ¿Qué impide una educación-comunicación que vaya ahormando ese sentimiento de pertenencia y ciudadanía?
¿El objetivo es salir? ¿Son sus mensajes, burocráticos, distantes y técnicos? ¿Coinciden las políticas de la UE con las preocupaciones de los ciudadanos o con las prioridades de las élites europeas? ¿Es preferible una propaganda que genere falsas expectativas o la información crítica?
No ayuda que la Unión es cada vez más intergubernamental y menos comunitaria; que, no obstante el esfuerzo unificador de la comunicación europea, pervive una selva de instituciones y organismos que más parecen competir entre sí.
Los éxitos son nacionales, los fracasos siempre europeos. El filtro nacional favorece las pulsiones desintegradoras. Sin preguntas formuladas desde una cosmovisión europea, nos quedamos ayunos de saber cómo y en qué los resultados del Consejo han afectado al conjunto de esa comunidad de destino que llamamos UE. Desde el punto de vista político, la Unión Europea es su propia víctima, por haber consentido que los gobiernos de los estados miembros la utilicen como chivo expiatorio.
No hay una narrativa europea y no hay medios de comunicación europeos o, en todo caso, los que hay están hechos para la burbuja de Bruselas.
Los políticos, que marcan la agenda, no hablan de Europa. No existe una esfera pública europea. Por ejemplo, si no hablan de listas transnacionales, difícilmente saldrá ese tema en los medios.
Hubo un aumento de interés por la UE cuando nos afectó al bolsillo pero luego descendió.
La mezquindad, el catetismo, la enanez de pensamiento y el egoísmo de los caciques de aldea, que creen salvar su supuesta posición de privilegio en un mundo global, capaz de devorar y deglutir las pequeñas ambiciones, impiden que la comunicación vaya ahormando un sentido de pertenencia.
A la gente no le interesa cómo funcionan las instituciones europeas. Solo le interesa que funcionen, que sean eficaces y que los ciudadanos noten sus efectos.
Ahora lo que está fallando es la política y son los políticos. ¿Alguien sabe la postura del gobierno español sobre la reforma del Euro? Si los políticos no hablan de Europa, si no defienden siquiera lo que han firmado (caso de la Euroorden), los periodistas no venderemos el tema, por brillantes que seamos.
¿Quién comunica?
Los protagonistas no nos aportan materia prima.
Los comisarios: más pendientes de los gobiernos, con lenguaje diplomático y poco gancho periodístico.
Los líderes políticos: discursos siempre en clave nacional.
Los eurodiputados: clave nacional –pero menos- o fuera de sus competencias, no se traduce en acción de gobierno.
¿Qué se comunica?
Los comisarios, obsesionados por llenar las agendas diariamente, lanzan iniciativas de dudoso interés inmediato (la inmediatez en una clave de los medios)
A veces debates atractivos en el Parlamento pero de no mayor interés que el que pudiera tener una tertulia. (Por su repercusión social)
Iniciativas, propuestas, actuaciones… Con el procedimiento hemos chocado. La complejidad de la toma de decisiones en la UE.
- Un recurso: LA TRANSVERSALIDAD. Introducir óptica europea en todos los medios y formatos.
Pongámonos a trabajar en temas básicos relacionados con la gente, con los jóvenes, asuntos llamados a transformar en positivo nuestras sociedades: Derechos Humanos, Igualdad, Desarrollo Sostenible… La fragmentación lingüística, de representantes políticos, de Opiniones Públicas y mediática obliga a seleccionar muy bien los temas para evitar que se puedan levantar nuevas aristas.
No dejar la comunicación siempre a los gobiernos (su perspectiva europeísta está sesgada). Movilizar muchos más actores nacionales que hablen de temas europeos y no desde una perspectiva nacional: parlamentos nacionales, regionales, ciudades, grupos profesionales que movilizan élites, ONGs, activistas europeístas…
Relación directa con los ciudadanos. Hay que perseverar en el camino ya iniciado por las instituciones comunitarias de relación directa con los ciudadanos a través de los nuevos medios y las redes sociales.
No hay mejor aliado que un periodista bien informado. Europa necesita periodistas más formados y las instituciones deben facilitarle su trabajo con honestidad (acceso a la información, explicaciones, tecnicidad).
Para lograr una mejor comunicación es necesario un mejor producto: más transparencia y participación ciudadana en el proceso, proyectos comunes de verdadero impacto en la vida del ciudadano, listas transnacionales y foros de discusión más allá de las fronteras nacionales. Seguro que entonces es más fácil comunicar.
Europa, en este momento, debe tener mucho más cuerpo que alma, mucha más materia que espíritu, muchos más proyectos y realidades que ideas inspiradoras.
Convicción en nuestros valores. La comunicación europea debería incluir siempre de manera implícita o explícita la convicción en que sus valores, los nuestros, los de nuestra familia europea, son simplemente los mejores.
Hay que escuchar y entender a la opinión pública, y propone relatos de contenido claro, emocional y honesto, con historias reales que apunten directamente a los ciudadanos, que no hablen de siglas y acrónimos sino de lo que la Unión Europea hace por ellos.
Hay que pensar en valores que espoleen a los jóvenes y devuelvan la ilusión a los mayores. Cuestión primordial es que esos valores alumbren de verdad, sin eufemismos, las políticas europeas; y algo más que las políticas: los procedimientos. Políticas innovadoras, de claro contenido social, que pongan a las personas en el centro de sus objetivos. Y procedimientos democráticos, exquisitamente democráticos y participativos, que reconcilien a los ciudadanos con la res pública y los sitúen en lugar privilegiado en la toma de decisiones.
Una propuesta de relato: los desafíos actuales no los pueden resolver los estados miembros individualmente y para resolverlos necesitamos una Europa más fuerte.
La transversalidad. Introducir la óptica europea en todos los medios, programas y formatos. Somos Europa; Europa es el aire que respiramos.
Hacer prevalecer el eje europeísmo/antieuropeísmo, frente al eje izquierda/derecha, que muchos dan por desaparecido. Habrá propuestas desde el Movimiento Europeo para que los políticos en campaña se centren en el tema europeo y no en el nacional.
Hacen falta más corresponsales, más inversión. Viajar más (la CE organiza viajes pero la UE no es solo Bruselas).
Fue un placer coincidir el pasado viernes 18 de mayo en Madrid durante la celebración de las Jornadas de Comunicación Europa es el mensaje. Entre las muchas cosas interesantes que se dijeron retuve tres esenciales para nuestro trabajo:
1) La comunicación corporativa de la UE debe de ayudar a periodistas y ciudadanos a "descodificar" Europa, su legislación, las políticas sobre el terreno y nuestros valores, para hacerla menos compleja, más atractiva y cercana.
2) Faltan historias que motiven, conmuevan, inspiren y den ejemplos tangibles de la relevancia y bien fundado de las acciones y la legislación comunitaria en la vida cotidiana de los ciudadanos.
3) Se echa de menos una narrativa política que inspire y dé profundidad y proyección al proyecto para que pueda ilusionar y suscitar mayor número de adhesiones.
En este sentido, quiero compartir con vosotros tres respuestas tentativas a estas lógicas preocupaciones:
En primer lugar, "Facts Matter", es un nuevo un apartado web en https://ec.europa.eu/commission/future-europe_endonde se pueden encontrar fichas factuales con resúmenes y explicaciones sencillas a las políticas llevadas a cabo por la Comisión Europea, ilustradas con gráficos y cifras fáciles de comunicar a audiencias no especializadas.
En segundo lugar, en relación con los relatos emocionales, las nuevas campañas de comunicación corporativa que la Comisión Europea está desarrollando tienen por objetivo mostrar al ciudadano cómo la Unión Europea puede tener un impacto positivo en la vida de los ciudadanos europeos. Para conseguirlo, hemos diseñado tres campañas corporativas #InvestEU, #EUandME y #EU Protects, basadas en 3 narrativas transversales que cubren las 10 prioridades políticas de la Comisión Juncker y coinciden con la visión y los mensajes políticos principales de nuestro Presidente en su último discurso de la Unión y que además titulan la reciente propuesta de presupuesto de la UE para el periodo 2021-27. También estamos trabajando en el diseño de una cuarta campaña, EU Rural, que, al igual que #EUProtects, esperamos tener definida antes de finales de 2018.
#InvestEU: una Unión Europea que intenta responder a los principales retos socio-económicos y que explica a través de historias personales y proyectos concretos como la Unión Europea impulsa el crecimiento, la inversión y la creación de empleo. Los materiales disponibles, en todas las lenguas oficiales de la Unión Europea son:
Página web de InvestEU con historias de beneficiarios reales de ayudas europeas contadas en primera persona.
#InvestEU webpara colaboradores, donde puedes encontrar todos los materiales de comunicación disponibles en español.
#EUandME: una Unión Europea que ofrece nuevas oportunidades a los jóvenes para mejorar sus vidas. La campaña pone el acento envalores, políticas comunitarias y piezas legislativas europeas queempoderan a los ciudadanos para permitirles seguir sus pasiones con el fin de reconectar a los jóvenes europeos con la UE para que participen activamente en el proceso de integración, incluyendo la consulta ciudadana que la Comisión acaba de poner online sobre el futuro de Europa https://ec.europa.eu/commission/consultation-future-europe_en, así como sus críticas y comentarios a la legislación en preparación https://ec.europa.eu/info/law/better-regulation/have-your-say_en y el estímulo al voto en las elecciones Europeas del año que viene.
Página web de #EUandME, en la que se explican de forma gráfica, sencilla y esperamos que atractiva, los beneficios que aporta la UE a los jóvenes.
5 cortos temáticos dirigidos por 5 reputados directores de cine (Croacia, Finlandia, Alemania, Polonia y Grecia).
En tercer y último lugar, respecto a una narrativa política visionaria capaz de inspirar adhesión, quisiera recordaros el último discurso del Estado de la Unión del Presidente Juncker, que adjunto, y que es anterior y similar al pronunciado por el Presidente francés Macron en la Sorbona, como podréis comprobar en la comparación realizada en el segundo link adjunto.
Finalmente, dado lo interesante y útil de la reunión, nos gustaría repetirla más adelante para continuar un diálogo constructivo con los profesionales del periodismo que consideramos esencial para hacer una Europa más democráticay transparente.
No se trata de bellas palabras que iluminen discursos y convenciones, palabras que a fuer de repetirlas se conviertan en un mantra adormecedor; se trata de inspirar políticas concretas comprometidas, solidarias y armónicas con esos valores que entre todos estamos impulsando y que el sentido común dice que son esos y no otros los que nos llevarán por un camino cuando menos transitable
Esto podrían ser unos apuntes de urgencia del encuentro que reunió estos días en Madrid a periodistas, politólogos y sociedad civil europeísta con los portavoces institucionales de la Comisión, Parlamento y Consejo para encontrar entre todos cómo comunicar eficazmente la Unión Europea.
En debate continúa en esta web, en nuestras redes sociales y en los encuentros públicos que estamos organizando. Dejamos, pues, apuntadas aquí algunas preguntas, reflexiones y primeras propuestas de actuación.
Si Europa no llega a los ciudadanos, queremos saber por qué. ¿Quién o qué falla? ¿O es que Europa necesita otra narrativa? ¿Sabemos los periodistas contar Europa? ¡Qué nos falta para una buena cobertura informativa y una adecuada pedagogía europeísta? ¿Qué demandan los ciudadanos?
Y empezamos por intentar la respuesta desde aquí, desde este espacio que abrimos para todos los actores -y actores en la construcción europea somos todos- para desbrozar el problema y buscar soluciones. Estáis invitados a escribir
Que corren malos tiempos para el europeísmo, es innegable. También lo es que, en una Europa en la que parece haber desaparecido un euroescepticismo sano y crítico, crecen exponencialmente las ideas frontalmente antieuropeístas. Esta misma semana se filtraba a la prensa un borrador del acuerdo de Gobierno en Italia en el que se contemplaba la creación de un mecanismo para salir del euro.
Mientras tanto, tenemos a una Unión Europea donde está ocurriendo una tormenta perfecta, al verse azotada por una multicrisis, (institucional, económica y política) y en un impasse institucional que la mantiene en estado vegetativo: viva, pero sin síntomas de mejoría.
Weber sostenía que “no puede haber poder sin legitimación por parte de los ciudadanos”, y probablemente el descrédito que está viviendo en estos momentos Bruselas es, en parte, resultado de un diagnóstico erróneo que ha llevado a aplicar los remedios equivocados. El mejor ejemplo de todo ello es el Parlamento Europeo, una institución que (afortunadamente) ha ido ganando peso en la toma de decisiones comunitaria y que es el símbolo de la democracia continental. Sin embargo, hemos pecado de ingenuos los europeístas, al pensar que por dotar de más poder a una Asamblea en la que votan poco más que el 50% del censo europeo, las instituciones comunitarias se iban a acercar por arte de magia a los ciudadanos. Casi me atrevería a decir lo contrario. Muchos ciudadanos sienten que cada vez ceden más poder a unas instituciones en las que no se ven representados, y de ahí el nicho electoral que ha surgido en el último lustro a los populismos que tratan de rescatar el discurso de la soberanía nacional.
Obviamente, no estoy afirmando que no sea partidario de dotar de más poder al Parlamento Europeo. Al contrario, cuanto más poder, más democrática será la Unión en teoría. Sólo pienso que, aunque teníamos el diagnóstico adecuado (la percepción de lejanía de Europa por parte de los ciudadanos), no hemos sido capaces de ponerle remedio, y de aprovechar esos avances institucionales para comunicarlos con eficiencia a las sociedades europeas.
Daniel Sousa Rodríguez Es graduado en Relaciones Internacionales y trabajó para el S&D en el Parlamento EuropeoEuropaeselmensaje