Publicado originalmente en Atalayar.com.
Mucho tendrá que pelear la Unión Europea porque a la evidente crisis socioeconómica que le ha provocado la pandemia no se le una también un cataclismo de orden político. El coronavirus ha destrozado en gran parte los objetivos estratégicos globales que la UE se fijó en 2016. Si ya entonces se reconocía una brecha considerable entre la potencia virtual de la UE y su presencia internacional, el último documento del Real Instituto Elcano (RIE) certifica la gran distancia existente entre la presencia deseada por la Unión en el mundo y la que es en realidad.
Entre las conclusiones de los investigadores Iliana Olivié y Manuel Gracia, autores del estudio, una de las más importantes es que entre los que preconizan la desglobalización y el consiguiente proceso nacionalizador estará la regionalización. La pandemia ha enseñado descarnadamente el riesgo asumido por las grandes cadenas globales, traducido en la falta de suministros esenciales durante esta crisis. Sin embargo, no ha sido un fenómeno nuevo. Ese riesgo quedó patente con el desastre nuclear de Fukushima, que provocó el desabastecimiento en Europa y América de los insoslayables componentes fabricados en exclusiva por Japón. O el hundimiento de las fábricas de confección en Bangladesh, que también sacudió a la industria textil.
La necesaria reconfiguración de esas grandes cadenas de proyección universal llevaría aparejada una relocalización, de la que se beneficiarían seguramente los grandes hubs de producción de la vecindad inmediata. Pensemos, pues, en que esa sería la ventaja de México para Estados Unidos o en el Magreb para Europa, sin ir más lejos.


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Tras la peste de Londres, 1665: « No fue el menor de nuestros infortunios que, una vez terminada la epidemia, no terminara el espíritu de rencillas y discordias, de difamación y de reproches, que para decir verdad ya había sido el gran perturbador de la nación ». Lo escribió el gran Daniel Defoe en su exhaustivo Diario del Año de la Peste, publicado en 1722, meses después de que Inglaterra se alarmara de nuevo por las noticias de un brote surgido entonces en Marsella.
LAS MEDIDAS APROBADAS HASTA AHORA POR LA UNIÓN EUROPEA SE ELEVAN A 540.000 MILLONES DE EUROS
Stefan Löfven ha resistido todas las presiones. El socialdemócrata primer ministro sueco no ha cedido a los llamamientos de la oposición ni a los consejos de un nutrido grupo de científicos. Su inalterable línea política se ha mantenido incólume a lo largo de todo el tiempo que llevamos de pandemia, a pesar de las advertencias de quienes le mostraban otra praxis para combatirla.
El Pacto que liderará la transición ecológica en Europa tiene la oportunidad de incorporar las lecciones aprendidas de la pandemia del coronavirus, así como plantear respuestas estratégicas que contribuyan al cambio de modelo político, económico y social que hoy más que nunca necesitamos.
La peste negra socavó los cimientos socioeconómicos del mundo medieval, cuestionó las autoridades, favoreció los movimientos de introspección religiosa, pero también una ola de gozo y excesos. Posiblemente fue uno de los vectores que condujeron al Renacimiento.
¿Qué quedará cuando salgamos de casa o del hospital, cuando lo peor de la pandemia pase?. Proliferan los comentarios rápidos del todo o nada cambiará tras las secuelas individuales y colectivas de tan repentina y dramática experiencia en tan corto plazo. Un despertar de pesadilla del “delirio de omnipotencia“, lo califica el Papa Francisco. Pero escasean tanto las certezas que, tras sortear la enfermedad o el duelo, la mayor angustia es la incertidumbre total sobre la vida tal como lo hemos conocido hasta ahora: desde el trabajo hasta las relaciones sociales, nacionales o internacionales.
Tras semanas de desorden global, tres noticias parecen hoy arrojar cierta luz: el alto al fuego solicitado por el Secretario de ONU ante la plaga se concreta en Yemen; Europa parece desatascar una respuesta común a la pandemia; y los productores de petróleo ponen fin a la guerra de precios – con acuerdo de reducir un 23% la oferta- desencadenada cuando trascendía el devastador virus económico, lo que terminó de enloquecer a las bolsas.