Artículo publicado originalmente en Atalayar.com
La ajustadísima victoria del actual presidente de Polonia, Andrzej Duda, frente al alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, es un revés para quienes aspiraban a reponer plenamente sobre los raíles europeos a un país al que Bruselas ha abierto hasta cuatro expedientes por considerar que sus reformas ponían en peligro el estado de derecho. Respaldado por el gobernante Partido Ley y Justicia (PiS), Andrzej Duda es el ejecutivo cabal de los programas diseñados por Jaroslaw Kaczynski, considerados el arquetipo del integrismo: una Justicia tutelada por el Ejecutivo; una abominación de los derechos de la comunidad LGTB; una férrea oposición a las cuotas de admisión comunitaria de inmigrantes y refugiados, y una visión bastante laxa respecto de los equilibrios medioambientales. Todo ello aderezado, además, con un sistema de pensiones blindado y de subvenciones y ventajas a la población más envejecida.


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El próximo 1 de julio, Alemania asume la presidencia de turno de la Unión Europea. En el programa semestral, se incluye la organización de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Mientras que las instituciones de la UE todavía no se han puesto de acuerdo sobre cómo llevarla a cabo, la coalición Citizens Take Over Europe (los ciudadanos toman Europa) propone que se incluya a los ciudadanos en el proceso desde el principio.
Desde la gravísima crisis financiera de 2008 han proliferado los augures de la desaparición de la Unión Europea. Ciertamente, los momentos críticos la han puesto a prueba y quienes apostaban por la implosión jugaban con bastantes posibilidades de acertar. El desgarro de la crisis migratoria y los jirones de energía malgastados en el brexit, han testado la solidez del proyecto más grandioso de unificación y cesión voluntaria de soberanía de la historia. Ahora, la pandemia del coronavirus ha provocado un nuevo movimiento sísmico, que aún amenaza los cimientos mismos de la UE.
12 de junio de 1985. El entonces presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores, Felipe González y Fernando Morán, firmaban la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea (CEE, hoy convertida en Unión Europea), en un solemne acto en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid.
Con el presidente Donald Trump nadie podrá llamarse a engaño. La tosquedad de sus modales muestra con descaro e insolencia sus intenciones de boicotear o enfrentarse abiertamente a aquellos organismos internacionales que no se ajusten a sus intereses. Los últimos en experimentarlo son los funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) que investigan presuntas violaciones de los derechos humanos, cometidos por tropas y agentes de seguridad estadounidenses en Afganistán.
Europa muere cada vez que se encoge de hombros frente a la política de ‘los Estados primero’. Su desintegración no es un acontecimiento repentino, sino un proceso caracterizado por el menoscabo de sus vínculos y la renacionalización de la política.
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