El gran desafío de la nueva Comisión Europea de von der Leyen.
La Unión Europea, sin exagerar, es el último reducto de los valores democráticos surgidos de la Revolución Francesa, y perfeccionados a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Libertad, igualdad y solidaridad han sido los tres pilares en los que se ha asentado el Estado de derecho, y el más formidable avance en la prosperidad conjunta de un continente en el que la paz no era sino pequeños paréntesis entre continuas confrontaciones bélicas.
A esa posición de vanguardia mundial de la UE, sobre todo en el capítulo social, han contribuido factores tan decisivos como gozar de una relación privilegiada con Estados Unidos –el vínculo transatlántico-, en quién Europa delegó la tarea de velar por su seguridad, y de paso forzarle a desempeñar el papel de gendarme mundial. Un rol que Washington terminó asumiendo de buena gana hasta que en su balance de pérdidas y ganancias, tanto de soldados como de intereses, empezaron a no cuadrarle las cuentas.


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El auge espectacular de Vox en las elecciones de ayer en España requiere análisis profundo. Pueden aventurarse algunos factores que parecen obvios, como la polarización de la campaña en torno a Cataluña y en menor medida la exhumación de Franco, la falta de respuesta a Abascal en el debate de los líderes y el hundimiento de Ciudadanos. Mi hipótesis es que, además, ha sido decisiva su presencia institucional en los medios.
Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, un hecho que supuso el principio del fin de los regímenes socialistas- comunistas del Centro y Este de Europa, e, incluso, del patrón del sistema, la Unión Soviética, Bratislava, la capital de Eslovaquia, no es la cercana Viena; Budapest, la capital de Hungría, no es la capital austríaca. Praga no es Munich y Chequia no es Baviera. La antigua RDA no es la RFA. Me refiero a los niveles de renta o al estado de la opinión pública.
Para mí, por una cuestión de diferencia horaria, el muro de Berlín cayó el día 10 y no el 9 de noviembre de 1989. Pude verlo aquel día en un televisor de imágenes inestables, como si fueran sólo fotografías imaginadas o inventadas. Un sueño inesperado. Y como europeo así lo sentí allí, en Firozpur (o Ferozpur), una ciudad situada en el Punjab indio. Me quedé tieso ante el televisor. “¿Vas a cenar? ¿Eso que miras es tan importante?”, me preguntaron mis anfitriones indios al ver que estaba hipnotizado ante la pantalla.
Ah, el paso del tiempo! Tres de Octubre, día de la Unificación alemana. Estaba uno allí, tal día como hoy de 1990 detrás de la puerta de Brandenburgo, junto al Reichstag, transmitiendo el acto lleno de esperanza con la señora R.M.M, hoy directora generala de la cosa.
Conmueve presenciar el sufrimiento de esta adolescente increpando a los líderes mundiales su culpable pasividad ante el cambio climático. No hay nada fingido en este llamamiento con tono de maldición biblíca, nada fabricado en esos sentimientos que se desbordan. Su dolor es genuino.
Hace poco, muchos lo hemos vivido a mediados del siglo pasado, es decir hace nada, el progreso, el futuro prometedor, estaba representado por una fábrica con muchas naves, pero sobre todo con muchas chimeneas, que echaban humo, mucho humo. Para los que emigraban del campo a la ciudad, de Guadix a Martorell, o de Fregenal de la Sierra al Ruhr, una fábrica humeante era la promesa de un buen sueldo, coche y hasta apartamento en Benidorm.
I.-Europa ¿ameba?-
Aunque no lo parezca, los alemanes tienen sentido del humor. Un periodista de un sesudo semanario decía, comentando los resultados de las elecciones del domingo 1 de septiembre en los Estados federados de Brandenburgo y Sajonia, en la antigua RDA, que los resultados no eran tan malos, que la ultraderechista y ultranacionalista Alternativa para Alemania no había alcanzado el primer puesto en ambos como se temía. No, el SPD y la CDU han quedado los primeros respectivamente, pero con la AfD en el cogote. No, no es tan malo. Pero, ¿se imaginan a VOX consiguiendo el 27 % en una comunidad autónoma española, como ha hecho la AfD en Sajonia, o el 24 en Brandenburgo? Estaríamos aquí todos tirándonos de los pelos ante el ascenso de una formación nueva, como VOX, pero mucho más dura, mucho más seria y mucho más peligrosa que los populistas ultraderechistas españoles.