Publicado originalmente en Democrata.es
Lo dijo Josep Borrell (a quien ya se le echa de menos como Alto Representante, y eso que solo han pasado unas semanas desde el fin de su mandato), con toda la razón: “La Unión Europea debe aprender a hablar el lenguaje del poder”. Pero, ironías de la historia, ahora va a tener que ejercer ese poder ante su principal aliado: los Estados Unidos. O, mejor dicho, los Estados Unidos de Donald Trump.
No va a quedar otra alternativa, porque las primeras decisiones del nuevo presidente norteamericano no dejan lugar a dudas: sí, la realidad supera a la ficción. Hasta el punto de que uno se pregunta, a la vista de sus decisiones e intenciones, ¿cómo calificaría la UE a estos Estados Unidos: socio, competidor global, rival sistémico?


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Después de que la Corte Internacional de Justicia –principal órgano judicial de la ONU– optara por admitir «la posibilidad de que se esté cometiendo un genocidio en Gaza» por parte de Israel, varios gobiernos –preferentemente occidentales–anunciaron que suspendían su ayuda financiera a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Próximo Oriente (UNRWA, según sus siglas en inglés).