El presente artículo aborda la idea del «modelo social europeo» –expresión en boga en determinados círculos desde los años noventa– como construc-ción ideológica, en buena medida útil como opuesto al American way of life.Sin embargo, ya antes de la crisis, existían indicios que ponían en cuestión laexistencia real de dicho modelo. Si bien es cierto que cabe hablar de ciertaidiosincrasia social europea, también lo es que existe una notable diversidaden el seno de Europa. Un análisis detenido del contexto de la crisis pone demanifiesto que no ha habido convergencia real y que el signo de las políticasauspiciadasporlaUEchocaprecisamenteconlosEstadosdebienestar.
¿Se encuentra el ciudadano representado por las instituciones de la Unión Europea? ¿Encontramos el mismo grado de democracia en los distintos sectores temáticos? Una reflexión sobre la salud democrática de la Unión
La democracia es un valor indiscutible en nuestras sociedades contemporáneas. Todas las formaciones políticas aspiran a ser calificados como democráticos, aunque no todos entiendan lo mismo detrás de esta etiqueta. ¿Qué entendemos por democracia? Sin considerar el remoto antecedente ateniense, del que conservamos poco más que el término, podemos entender por democracia una forma de organización del poder político atendiendo a la voluntad del pueblo. El pueblo, que es el titular de la soberanía, la deposita en unos determinados gobernantes a través de su voto.
Si algo hemos aprendido de la pandemia es que las sociedades deben estar preparadas para salvar vidas. En el caso de la Unión Europa, para que sea capaz de reaccionar con mayor rapidez y eficacia ante otra posible crisis, sea sanitaria, económica o social, necesitamos hablar de nuestro futuro.
Antes de que estallara la crisis de la Covid estaba previsto poner en marcha una Conferencia sobre el Futuro de Europa, a través de la cual reflexionar sobre cómo queremos seguir avanzando y afrontar los retos. Se tuvo que aplazar, pero el pasado 9 de mayo, Día de Europa, fue la fecha señalada para dar la señal de salida.
Es el momento de salir de la burbuja de Bruselas y dar voz a la ciudadanía para avanzar hacia esa Europa más inclusiva, más justa, más sostenible y más feminista que nos están reclamando. Esto pasa por un renovado concepto del poder, por repensar la democracia representativa, e introducir un cambio de mentalidad en las instituciones europeas. Esta transformación debe tener reflejo en la estructura de la Conferencia, para que la asamblea plenaria no se convierta en otro escenario en el que los y las dirigentes hablemos entre nosotros. Por el contrario, debe ser un foro en el que se escuche de manera abierta a los ciudadanos y ciudadanas, los verdaderos protagonistas, y para ello cuentan con numerosos canales de participación y plataformas digitales a través de las cuales hacernos llegar sus reflexiones y propuestas.
¿Puede continuar la "construcción" europea según su actual evolución? Desde el año 2005 y el fracaso del proyecto de Tratado constitucional, Europea se ha venido desmoronando, pero nada parece capaz de despertar a sus líderes de su sueño dogmático. Nada, ni los repetidos fracasos electorales, ni la fractura económica entre países de la zona del euro, ni el rescate por los contribuyentes de los banqueros irresponsables, ni la agonía que tuvo que soportar Grecia, ni la incapacidad de encontrar una respuesta común a los flujos migratorios, ni el Brexit, ni la débil respuesta a los dictados norteamericanos impuestos sin tener en cuenta los tratados, ni el incremento de la pobreza, de las desigualdades, de los nacionalismos y de la xenofobia, han logrado abrir un debate democrático a escala europea sobre la profunda y preocupante crisis que atraviesa la Unión Europea y cómo resolverla.
The coronavirus pandemic has shown that the world is so connected and is becoming increasingly interdependent. We are affected by everything that happens, even if it happens in a wet market in China or in a pub in the South of England. Now more than ever, Europe finds itself facing new internal and external challenges that cannot be addressed by one country on its own.
In the face of the current COVID-19 crisis, Europe has shown that it really exists and has demonstrated its added value and the importance of unity and solidarity among the EU Member States. However, the crisis has revealed too that the EU remains an unfinished project institutional. The EU is more than ever necessary but there is an urgent need for an effective and efficient Union.
Javier Moreno. Presidente de la Delegación Socialista Española en el Parlamento EuropeoArticulos
Un escaño tan sólo separa al Partido Nacionalista Escocés (SNP) de la mayoría absoluta de su Parlamento autónomo. En total, la formación encabezada por Nicola Sturgeon ha recolectado 64 curules, victoria aplastante en todo caso, asentada en gran parte en la promesa de convocar un referéndum de independencia. Una promesa con la que comulgan también los ocho diputados conseguidos por el Partido Verde, que confirma así la sostenida tendencia ascendente de los ecologistas en todas las elecciones generales y regionales europeas.
Salvo un cataclismo telúrico no es previsible en ningún caso que estas dos formaciones sucumban a las voces que sugieren que si Londres no se aviene a negociar la celebración de un nuevo referéndum, entonces hacerlo por la ilegal e ilegítima “vía catalana”, es decir saltándose todas las leyes constitucionales.
Pedro Gonzalez, Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.Articulos
Hace 43 años. Aldo Moro fue secuestrado después de que un comando de las Brigadas Rojas (formado por una decena de personas) asesinara a sus cinco escoltas. Moro se dirigía a un debate parlamentario en el que el gobierno encabezado por Giulio Andreotti (democristiano, como él) iba a someterse a una moción de confianza… con el apoyo del Partido Comunista Italiano (PCI), del que era secretario general Enrico Berlinguer.
Era la plasmación de la apuesta estratégica por el “compromiso histórico”. Para Moro, esa idea –equivalente al establecimiento de un gobierno de concentración nacional entre los dos partidos que dominaban la política italiana desde el final de la II Guerra Mundial– era muy sugestiva. Se abriría así una etapa nueva de apertura social y de colaboración de la Democracia Cristiana (DC) de Moro y Andreotti con el PCI, el mayor partido comunista de Europa Occidental. Entonces, la inclusión de partidos comunistas en gobiernos europeos era un tema tabú en países –especialmente Italia– miembros de la OTAN.