Publicado originalmente en ZoomNews

Cada vez son más ciudadanos los que no esperan nada de la polític.
La nostalgia del autoritarismo que resuelva los problemas básicos es la antesala de las dictaduras populistas.
Un 36,3% de abstención y un 3,5% de votos blancos o nulos suponen un 40% de electores franceses que muestran así ostensiblemente su desafección, cuando no su rechazo, de la política. Es una de las conclusiones más dramáticas de las últimas elecciones municipales en Francia, más allá del descalabro del Partido Socialista y del auge del Frente Nacional, aupado hasta el tercer puesto del espectro político.
El fenómeno no se había producido nunca. Los galos están muy apegados a su comunidad más próxima, su ayuntamiento, del que reciben buena parte de los servicios, y al que aportan una parte importante de sus impuestos. Sus pulsiones abstencionistas se habían materializado hasta ahora en las sucesivas elecciones europeas, contempladas, al menos hasta ahora, como un trámite lejano, en el que unos políticos antaño famosos, y luego amortizados, se disputaban una especie de canonjía de nulo futuro político doméstico a cambio de una pingüe remuneración quasi vitalicia. Que esa tendencia al alejamiento se haya materializado ahora en unos comicios tan cercanos debería poner muy en guardia a una casta a la que el electorado percibe cada día más ajena a sus propios intereses.


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