
Publicado originalmente en politicaexterior.com
La guerra de Ucrania marcará un antes y un después en el proyecto europeo. Una UE reforzada por su confrontación victoriosa con la Rusia de Putin, con vocación geopolítica, sustentada por un ‘patriotismo europeo’ y con más Estados miembros adquiriría, por fin, un nuevo peso en la escena internacional.
La guerra de Ucrania es, desde el colapso de la Unión Soviética, el acontecimiento que más impacto tendrá en la Unión Europea. Los efectos serán diversos: algunos ya los estamos viendo, otros resultan menos obvios. Algunos son muy probables, mientras que otros son solo posibles. El grado de posibilidad de algunas de las consecuencias será ínfimo, pero al menos se tendrán en cuenta en el debate que seguirá a esta crisis. Este debate, en realidad, ya ha empezado. La hipótesis de partida es que Ucrania, con el apoyo de la UE, la OTAN y el resto de aliados internacionales, frustrará los objetivos de Vladímir Putin. Tengo por cierta esta hipótesis, pero dudo si sucederá a corto plazo o, desgraciadamente, se logrará en el medio y largo plazo, lo que aumentará la destrucción, el sufrimiento y el rencor que dejará esta guerra como legado.
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Tratar de investigar las causas, de ningún modo supone justificar los efectos, y menos aun, a quién los genera. Cuando los sentimientos ante la tragedia dominan el escenario, apenas queda lugar para preguntar, ¿cómo hemos podido llegar a esta dramática situación? ¿Se podría haber evitado, o al menos intentado? La guerra fría (al principio de los 60 yo vivía en la RFA, primera línea de frente entre los bloques sistémicos, estos sí lo fueron), al amparo de unos acuerdos de seguridad compartida, reducía drásticamente las posibilidades de una confrontación nuclear consciente, excepto por causas accidentales, que sí las hubo, pero se superaron sin darles publicidad. Lógico.
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