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La abstención da alas a los enemigos de Europa

Publicado originalmente en ZoomNews

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Cada vez son más ciudadanos los que no esperan nada de la polític.

 

 

La nostalgia del autoritarismo que resuelva los problemas básicos es la antesala de las dictaduras populistas.

 

Un 36,3% de abstención y un 3,5% de votos blancos o nulos suponen un 40% de electores franceses que muestran así ostensiblemente su desafección, cuando no su rechazo, de la política. Es una de las conclusiones más dramáticas de las últimas elecciones municipales en Francia, más allá del descalabro del Partido Socialista y del auge del Frente Nacional, aupado hasta el tercer puesto del espectro político.

El fenómeno no se había producido nunca. Los galos están muy apegados a su comunidad más próxima, su ayuntamiento, del que reciben buena parte de los servicios, y al que aportan una parte importante de sus impuestos. Sus pulsiones abstencionistas se habían materializado hasta ahora en las sucesivas elecciones europeas, contempladas, al menos hasta ahora, como un trámite lejano, en el que unos políticos antaño famosos, y luego amortizados, se disputaban una especie de canonjía de nulo futuro político doméstico a cambio de una pingüe remuneración quasi vitalicia. Que esa tendencia al alejamiento se haya materializado ahora en unos comicios tan cercanos debería poner muy en guardia a una casta a la que el electorado percibe cada día más ajena a sus propios intereses.

Elecciones Contra El Déficit Democrático

Una de las cosas que muchos de los propios europeístas criticamos de la Unión Europea y sobre todo de su gestión es el déficit democrático que en su conjunto arrojan las instituciones que se hallan al frente. Y hay razones para hacerlo. Hasta ahora solo una, el Parlamento, responde a la voluntad expresa y por lo tanto a la  representación directa de los ciudadanos. Pero la evolución comunitaria avanza, bien es verdad que tímidamente, o si se prefiere cautelosamente, en la dirección correcta. Y un importante salto adelante vamos a darlo entre todos los votantes el próximo 25 de mayo.


Los habitantes de los Veintiocho, es decir los europeos en su totalidad, tendremos ese día la primera oportunidad de  participar no solamente ya en la elección de los eurodiputados que determinarán la evolución del día a día comunitario sino también de contribuir a elegir a quienes tomarán las decisiones más directas en la ejecución de los asuntos e intereses que compartimos. Por vez primera el Parlamento que vamos a elegir en mayo será también, igual que en los Estados,  el que designe, bien es verdad que a través de la mayoría que los grupos alcancen o establezcan, al presidente de la Comisión.

¿Qué está en juego en las elecciones europeas?

Artículo publicado originalmente en Esglobal.

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Los comicios de finales de mayo se celebrar en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desapego respecto al proyecto europeo.

Entre el 22 y el 25 de mayo de este año se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. A renglón seguido, y por primera vez en la historia de la Unión Europea, los europarlamentarios elegidos decidirán con sus votos quién será el presidente de la Comisión. Una de las nuevas competencias que tendrá a partir de ahora el Parlamento, mediante las que tratará de convertirse de verdad en la Cámara que represente la voluntad de los ciudadanos europeos, más que la de los propios partidos o de los Estados.

 

Los anteriores comicios, en 2009, se celebraron en los primeros escalones de una crisis económica que aún no había comenzado su andadura por las tinieblas, iniciada con el rescate a Grecia en abril de 2010. Cinco años más tarde, llegan estas nuevas elecciones en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desconfianza ante el proyecto europeo. A día de hoy, la principal fuerza en el Parlamento es el Partido Popular Europeo, con 274 escaños de un total de 766.

Los periodistas de la UE ante las elecciones europeas

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El periodismo es un bien público. Ese es el principio del que parte la Federación Europea de Periodistas (FEP) ante las elecciones europeas del 25 de mayo y recuerda que para su cumplimiento existe un requisito imprescindible: los periodistas tienen que ejercer su oficio con independencia. Deben esforzarse en ese sentido. Y eso, quizá, debería ser especialmente cierto en el caso de los medios públicos audiovisuales.

Desde luego, todo Servicio Audiovisual Público (SAP, Public Service Broadcasting, PSB, según sus siglas en inglés), requiere transparencia, financiación suficiente y alejamiento de las presiones políticas. Y a pesar de todas sus diferencias, caricaturizaciones, irregularidades y ataques que puedan sufrir los distintos SAP, su existencia continúa siendo un signo distintivo de las democracias europeas. Y cuando gobiernos como los de Grecia (la ERT) o la Comunidad Autónoma de Valencia (España), han cerrado esos medios -por su propia mala gestión política y económica- la mayor parte de la ciudadanía lo ha percibido como un deterioro de la calidad democrática de esas mismas sociedades.

La falta de independencia de las radiotelevisiones públicas suele ser paralela a su manipulación política creciente, a su falta de calidad y a una financiación irregular.

Europa: la respuesta de los demonizados

 

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La demonización de los pobres es una obsesión -recubierta de cinismo- de ciertas élites políticas que gobiernan Europa. Olli Rehn, Comisario de Asuntos Económicos, y Jean-Claude Trichet, anterior presidente del Banco Central Europeo, han comparecido ante los europarlamentarios. Se ha dicho que para dar cuentas por los desmanes de la troika. Si es así, comparecen mal y tarde, cuando la hegemonía del dogma neoliberal empieza a ser cuestionada en la calle y en sus fundamentos ideológicos.

Buena parte de la ciudadanía percibe dudas de rumbo en quienes controlan las agendas neothatcherianas. Un buen ejemplo, es la ruptura -en Alemania- del tabú merkeliano del salario mínimo. Otros ejemplos surgen en el sur, como la anulación precipitada de ciertos copagos sanitarios y las dificultades que -en España- encuentran los guardianes del rigor para privatizar (en beneficio propio) la sanidad pública. Chocan con la justicia, con el activismo resistente en general y con la «marea blanca». En Italia, ya no hay duda del declive del berlusconismo.

En estos momentos, los hombres de negro de la troika, y sus súbditos de aquí y allá, dicen haber concluido su trabajo sobre déficits y deuda en Irlanda y España; en realidad, se ha tratado también de un proceso práctico de destrucción de servicios sociales y de culpabilización de quienes menos tienen (proceso ideológico).

Algunas cosas parecen estar cambiando: solo hay que contemplar la cara de los cirujanos del rigor (mortis) cuando comparecen. Llámense Olli Rehn o Fernández Lasquetty. Han mantenido un discurso lleno de dogmas economicistas sin medir las consecuencias. Y los que las han sufrido, los demonizados, empiezan a proclamar en voz alta cada uno de sus retrocesos, hasta el más insignificante.

En su visión del mundo, han sido y son –paradójicamente- más rígidos que los planes quinquenales soviéticos. Han castigado así -en exceso- a amplios sectores de las clases medias y son conscientes -en la actualidad, quizá tarde para ellos- de que se han alienado a buena parte de sus bases políticas. Su delirio empieza a pasarlos factura.

Politizar las elecciones o los errores no corregidos de la partitocracia

 

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Hay miedo a la abstención, por más que miremos una y otra vez a la participación en las elecciones estadounidenses para colegir que no hay riesgo desligitimación. Si Obama fue elegido con un 57% de participación, en la pasada convocatoria electoral europea participó un 43%. Subrayemos, no obstante, que en cinco de los estados comunitarios (Bélgica, Italia, Chipre, Grecia y Luxemburgo) es obligatorio el voto bajo pena de multa, aunque no siempre somos estrictos en el cumplimiento de la ley.

Y hay miedo porque Europa es un proyecto en construcción y no queremos que la desafección pueda interpretarse como una enmienda a la totalidad, no queremos que el resultado se interprete en clave de rechazo a una estructura de poder ajena a la ciudadanía. Y porque, además, los europeístas sabemos que el Parlamento tiene nuevas competencias, que está cada vez más cerca de la sensibilidad ciudadana, que el control de la cúpula de los partidos sobre sus diputados se relaja bastante con la distancia, salvo en asuntos nacionales y que ha sido, es y será un instrumento fundamental en el proceso hacia la Unión Política.

Tenemos miedo los europeístas y tienen miedo los gobiernos, que serán los destinatarios últimos de esa enmienda a la totalidad, si efectivamente la abstención es de record. Porque, claro, si la mayoría de europeo cree que su voz no se escucha suficientemente en Europa y sólo una minoría tiene una imagen positiva de la UE como  consecuencia de las secuelas de las soluciones europeas a la crisis, en parte por el desestimiento de las instituciones europeas de sus obligaciones sociales, una abstención masiva y/o un vuelco electoral en favor de partidos minoritarios en detrimento de las dos grandes opciones europeas, podría ser también interpretada como un atisbo de relevo en la clase política.

En el tercer aniversario de Europa en Suma. Recuerdo del contubernio de Munich: el encuentro de la reconciliación.

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Los valores de la reunión de Munich, hace ahora cincuenta años, son los valores que después encarnaría el espíritu de la Transición y que iban a quedar reflejados en la Constitución Española de 1978. Esta es una de las ideas clave que surgieron y se desarrollaron ampliamente durante el acto organizado por Europa en Suma el pasado día 7, bajo el epígrafe de Del contubernio de Munich a la crisis del Euro. Aquellos valores, estas soluciones.

Fue en el marco de las jornadas que el ministerio de Asuntos Exteriores ha promovido para recordar aquel acontecimiento que tuvo lugar los días 5 y 6 de junio de 1962,  en el entorno del IV Congreso del Movimiento Europeo que se celebraba en la capital bávara: el encuentro de más de un centenar de representantes de la oposición democrática a Franco, tanto del interior como del exilio, y la declaración, firmada por unanimidad, en la que los asistentes, encabezados por Salvador de Madariaga, pedían para España un régimen democrático de libertades y derechos de cara a la anhelada incorporación del país a Europa.

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